Lo que el agua mira

Entre cristales llenos de agua
el cuerpo se fragmenta,
se dispersa en ondas
que deforman la memoria.

 

La piel se convierte en reflejo,
el reflejo en paisaje,
y el paisaje en un lugar que no existe,
salvo en el instante suspendido
entre la mirada y el vidrio.

 

No hay antes ni después,
solo este juego de distancias
donde la luz toca el agua
y el agua inventa otro cuerpo.

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