Flores y palabras

Al principio solo eran flores sobre la piel,
un gesto sencillo, casi inocente,
como si bastara con cubrir el silencio con algo hermoso.
Pero pronto entendí que cada flor traía una palabra,
algo que el cuerpo necesitaba decir sin pronunciarlo.

 

El silencio se volvió labios cerrados;
la transparencia, un pómulo que deja pasar la luz;
la calma, una espalda que respira.
Y entre todas, una palabra herida: resilencia,
sin una ‘i’, como si también el lenguaje pudiera quebrarse.
La dejo así, imperfecta, porque la fuerza nunca es completa;
a veces lo roto también sostiene.

 

En blanco y negro, las flores dejaron de ser adorno.
Son voz. Memoria.
Cada flor es un eco,
cada tirita, una confesión que sana.
Y el cuerpo ─ese lugar donde todo comenzó─
Aprende, por fin, a nombrarse.

error: Content is protected !!