Se conocieron a través de una pantalla, entre luces y fotografías que hablaban sin palabras.
Al principio, una propuesta quedó suspendida en el aire —una sesión que no fue—,
pero el tiempo, que siempre encuentra sus caminos, los volvió a cruzar.
Un simple gesto, una reacción en una historia, bastó para abrir el diálogo.
Desde entonces, las conversaciones fluyen como si siempre hubieran estado ahí:
la vida, la fotografía, los pequeños detalles que sostienen los días.
Ambos construyeron su propio espacio en la red, sus webs como extensión de su mirada,
y quizás sea eso lo que los une: la necesidad de crear, de mirar y de comprender el mundo a través de la imagen.
Dos personas que se encontraron entre píxeles,
y que ahora comparten algo más profundo que una afición:
una amistad tejida con palabras, luz y sensibilidad.
¿Pueden dos personas que no se conocen de nada conectar tanto a través de una pantalla?
Quizás sí, cuando la mirada reconoce en el otro algo de sí misma.
“A ti, Feo, por convertir cada conversación en una forma de luz compartida.”
Gracias.