A menudo, el error al empezar un autorretrato es encender la cámara antes de haber encendido el pensamiento. Buscamos el resultado estético —que la foto “quede bien”— sin preguntarnos qué estamos sosteniendo frente al objetivo.

En este primer encuentro, vamos a desnudarnos de la técnica para vestir la intención.

El punto de partida

La técnica es solo el vehículo, pero la intención es el mapa. Una foto técnicamente perfecta puede estar vacía, mientras que una imagen movida, oscura o granulada puede ser devastadora si nació de una necesidad real de decir algo.

La intención en el blanco y negro: Al eliminar el color, eliminamos el ruido. El blanco y negro nos obliga a centrarnos en el mensaje esencial. ¿Es soledad? ¿Es fuerza? ¿Es cansancio? ¿Es descubrimiento?


El Ejercicio: “La Palabra Semilla”

Para este primer capítulo, no quiero que pienses en poses. Quiero que pienses en una palabra.

  1. Busca tu palabra: Tómate un momento de silencio. Elige una emoción o un estado que estés atravesando hoy. Una sola palabra (ejemplo: Resiliencia, Vacío, Calma, Tensión).

  2. La luz mínima: Busca una sola fuente de luz en tu casa. Una ventana o una lámpara. No compliques el esquema.

  3. El acto de disparar: Haz una serie de 10 fotos donde intentes que esa palabra se sienta en la imagen. No importa si tu rostro no sale claro, o si solo se ve una mano apoyada en la pared.

  4. La decisión: De esas 10, elige solo una. La que más se acerque a tu palabra semilla.

Reflexión: Al mirar la foto elegida, pregúntate: ¿Qué he decidido mostrar de esa palabra y qué he decidido ocultar?


Participa en el proceso

Me encantaría que este blog sea un espacio de ida y vuelta. Si realizas el ejercicio, puedes compartir tu foto conmigo o dejar un comentario aquí abajo contándome cuál fue tu “palabra semilla” y qué sentiste al intentar atraparla con la cámara.

Próximo capítulo (en 15 días): El cuerpo como territorio.

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